COOPERATIVAS SIN PAPELES

Por: Paula Abal Medina, Denise Fiquepron, Mayra Llopis Montaña, y Leonardo Rebolino

Una investigación realizada por la UNSAM y el Municipio de San Martín arroja resultados impactantes sobre las condiciones de trabajo de la economía popular. Además, se advierten los graves efectos que produce la inadecuación entre forma cooperativa y realidad productiva y social del sector: la mayoría de las cooperativas relevadas no está “en regla” lo que las vuelve vulnerables a intermediaciones predatorias que desvalorizan el trabajo y las excluye de exenciones impositivas, concursos y licitaciones. Además de aportar estadísticas, aquí se narran tres historias de trabajadorxs organizadxs que transmiten la complejidad y heterogeneidad de este mundo del trabajo. Los desafíos del nuevo tiempo político.

Al ingresar al partido de San Martín nos recibe la leyenda Capital de la Industria. Este territorio que registró un proceso de industrialización y un alto nivel de empleo asalariado es también el laboratorio de la descomposición de aquella historia: de quiebre de fábricas, de fugas planificadas, de intermediaciones predatorias, y de patrones ocultos en las cadenas interminables de la subcontratación. Esta destrucción es sufrida por centenas de miles de familias que pierden empleos, ingresos y derechos. Sin embargo, la destrucción tiene al menos dos reversos: la resistencia y la creación. Por eso es posible reconstruir también estos dos movimientos como parte de otra trama de desarrollo que se viene creando en el extenso mundo de los trabajadores empobrecidos.

La investigación, que compartimos completa más abajo, identifica situaciones críticas, como la falta de cobertura de salud de una alta proporción de sus trabajadores, la elevada cantidad que no recibe ninguna retribución estatal por su trabajo, los bajos ingresos del conjunto, la falta de herramientas y las dificultades para garantizar repuestos y mantenimiento, el drama del “tarifazo” en unidades productivas que por sus características deberían acceder a tarifas sociales, y la indefensión en la que quedan cuando se producen crisis económicas como la actual.

Un tema muy particular que requiere especial atención es la gestión y administración de las cooperativas. Mantener “en regla” una cooperativa es participar de una carrera de obstáculos. Resultar “elegida” en una licitación o compra estatal es también una tarea imposible. Y aunque el municipio de San Martín expresa compromiso concreto con este sector del trabajo, en términos generalizados nos encontramos con un campo estatal que registra y, lejos de revertir, cristaliza en sus procedimientos cotidianos las desigualdades siderales del mercado.

¿Es la cooperativa en su forma legal actual la figura adecuada para fortalecer las tramas del trabajo de la economía popular y autogestiva?

Es llamativo que corporaciones como Rappi y Glovo hayan podido constituirse en empresas bajo la forma de Sociedad por Acciones Simplificada (SAS) en apenas 24 horas y del otro lado las cooperativas de la economía popular les resulte tan difícil “estar en regla”

Es llamativo que corporaciones como Rappi y Glovo, tras la sanción en 2017 de la Ley 27.349 de Apoyo al Capital Emprendedor impulsada por el gobierno de Cambiemos, hayan podido constituirse como empresas con un capital social irrisorio (dos salarios mínimos) en apenas 24 horas, a través de una nueva forma legal: la Sociedad por Acciones Simplificada (SAS). Y del otro lado, unidades productivas como las relevadas aquí, les resulte tan difícil “estar en regla” para poder garantizarse la posibilidad de trabajar.

Finalmente el informe define una cuestión muy central: el trabajo reproductivo, el trabajo del cuidado. El colectivo feminista Ni Una Menos lo sintetizó de esta forma: “lo que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”. En las barriadas populares, donde el empleo asalariado es más bien una excepción, se multiplicaron los jardines y centros para la primera infancia, los comedores y merenderos, las redes de cuidado de personas enfermas y mayores, el tratamiento de adicciones protegiendo en especial a los jóvenes. Cuando las mujeres relatan la experiencia diaria de trabajo aparecen, indefectiblemente, las niñas y los niños, los hijos: entre las máquinas de coser, en los recorridos para acopiar materiales para reciclar, entre muchas escenas inconfundibles del mundo del trabajo de la economía popular.

La reproducción de la vida es asegurada a través de esta malla de organización comunitaria pese a la ausencia de derechos y a la desprotección estatal.  Resulta imprescindible redefinir nuevas respuestas sociales a estas preguntas: ¿qué es trabajo y qué significa producir valor? ¿Qué valores priorizamos como sociedad?

Cuando las mujeres relatan la experiencia diaria de trabajo aparecen, indefectiblemente, las niñas y los niños, los hijos: entre las máquinas de coser, en los recorridos para acopiar materiales para reciclar, entre muchas escenas inconfundibles del mundo del trabajo de la economía popular.

Al iniciar la investigación realizamos algunas entrevistas más largas con trabajadoras y trabajadores de algunas de las cooperativas de San Martín. Compartimos tres de las historias de laburantes a tiempo completo, de sol a sol, como cuando las ocho horas de jornada diaria no eran aún ni un atisbo de derecho.

Paola, de la Cooperativa 9 de Julio

Paola, referente de la Cooperativa de construcción 9 de Julio y militante del Movimiento Evita, cuenta que la cooperativa tiene 35 trabajadores que viven de lo que ganan a través de ese emprendimiento autogestionado y de otras changas. Los trabajadores viven en barrios próximos: la Carcova, Eucaliptos, Independencia, 13 de Julio y nombra algunos más.  Dice que la mayoría de las que trabajan son mujeres y que lo que aprenden les sirve mucho, en especial a las separadas, porque pudieron terminar el piso o instalar el agua en sus casas. Paola está orgullosa de la Cooperativa 9 de Julio, se nota porque lo dice de varias maneras, como por ejemplo: “Cuando quieren que un trabajo salga bien llaman a la Cooperativa 9 de julio, porque nosotras no fallamos”.

Con la cooperativa terminaron de construir el comedor que Paola tiene hace 14 años. También hicieron la mitad de las calles del barrio en el que vive, pintaron muchas escuelas y a otras las repararon estructuralmente. Construyeron baños, y en el momento de la charla estaban haciendo una unidad de desarrollo infantil. Quieren hacer más obras pero les faltan insumos y herramientas. Muchas veces se las ingenian para conseguirlos. Varias herramientas surgieron de colectas y rifas. Paola salta de la jerga de obrera de la construcción a la de administradora, cuenta lo difícil que es ser una cooperativa “regular” (para estar habilitada a realizar obras), el costo que tiene tener los papeles en orden, cuánto les cobran los contadores y qué difícil es afrontar esos pagos. Y también cómo están organizándose para lograr que las cooperativas de la economía popular sean priorizadas en la asignación de obras de escuelas.

Se juntan al menos una vez por mes, comen algo y conversan sobre cualquier problema que surja en la cooperativa. En todas las jornadas de trabajo y en cada encuentro no puede faltar el parlante para la música.

Lo más sorprendente fue cómo se acercó a la CTEP. Comenzó llevando unos jóvenes que pasaban el día en esquinas, al taller de producción de vasos de vidrio de su pareja. El taller funcionaba con una máquina diseñada y realizada junto al padre, que es maestro mayor de obras: “Hemos hecho copas, trofeos para Flechabus,  vasos para El Gauchito, vasos de cumpleaños de 15, copas para un templo umbanda, regalos para fin de año, vasos con motivos navideños”. De los jóvenes cuenta: “Hoy por hoy tienen su salario social y se incorporaron a la cuadrilla de obra”. Varios continúan fabricando vasos. Pero un día antes de todo esto, votaron y por mayoría decidieron entrar a la CTEP: “Necesitábamos un apoyo en el sentido de los papeles, el reconocimiento y por la dignidad de los compañeros”.

Paola está orgullosa de la Cooperativa 9 de Julio, se nota porque lo dice de varias maneras, como por ejemplo: “Cuando quieren que un trabajo salga bien llaman a la cooperativa 9 de julio, porque nosotras no fallamos”.

Eva, de la Cooperativa Patagonia

Eva es quien nos cuenta la historia de Patagonia, le pusieron así porque estaban reunidos en una calle con ese nombre, el día que Lalo (referente social del territorio) les dijo que había conseguido algunas máquinas de coser durante el gobierno de Néstor Kirchner. La cooperativa está integrada por unas 35 mujeres que trabajan en sus casas, así pueden estar con los hijos. Además, Eva dice que es fundamental que los hijos vean el sacrificio que hacen para trabajar. La cooperativa tiene otros cinco integrantes, varones jóvenes, que llevan y traen la producción. Como la mayoría, tienen problemas con “los papeles” y hasta hoy nunca pudieron facturar.

Producen para terceros diez mil prendas boxer, diez mil corpiños, diez mil fundas de celulares. Para el municipio también trabajan a través de terceros: “Lo que pasa es que si yo tuviera bien los papeles tendría que estar trabajando directamente para los municipios, y no para terceros. Toda la ropa de la colonia, la ropa de la basura, la ropa de las escuelas, los guardapolvos, todo eso fabricamos nosotros”. Y agrega qué significa la intermediación: “El trabajo sabés cómo es: por los guardapolvos que en Nación o en Provincia se están pagando $350, nosotros recibimos $40 o $50”. Además les pagan en cuotas: “Entregamos diez mil prendas, nos pagan cinco mil y para el resto te van armando cuotas”.

Eva trabaja desde los 11 años. Actualmente, con más de cuarenta, tiene una jornada muy extensa que se divide así: por la mañana se dedica a llevar “los papeles” de la cooperativa y a tratar de garantizar los pagos; a la tarde es promotora ambiental en la ciudad de Buenos Aires. Por la noche se dedica a la costura en su casa, más o menos entre las 21 hs y las 2 de la madrugada.

Eva pasó varias crisis económicas como ciruja. Su primera casa la hizo cirujeando, con lo que fue encontrando en los recorridos por la ciudad de Buenos Aires. Las primeras chapas las compró con los dólares que por casualidad encontró su hijo adentro de un libro arrojado a la basura. Ella dice que no dejaría de cirujear, aunque le sobrara el trabajo textil: “No dejaría nunca de ir a Capital. Ahí lo que agarro es sólo mío”.

En la cooperativa textil nadie recibe ingreso estatal por ese trabajo, todo lo que obtienen es a través de privados. No queda del todo claro quiénes son sus compradores, pero refirió en especial a uno que sub-alquila un espacio de un predio grande que fue de Adidas, que ya hace un tiempo es una fábrica recuperada.

Por su trabajo como promotora ambiental, organizado a través del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), recibe una retribución de alrededor de $13.000. Y a través de este trabajo tiene la mutual Senderos y accede al servicio de salud de algunas clínicas como la Santa María y otra que está en Loma Hermosa, cuyo nombre no recuerda. Cuenta que aún hoy sufre “pavura” al ingresar, porque los cartoneros se sienten sapos de otro pozo en ese lugar. Aunque la gente de la clínica se va acostumbrando a ellos y ella, Eva, a recordarles que “tienen obligación de atenderlos”.

Como la mayoría, tienen problemas con “los papeles” y hasta hoy nunca pudieron facturar. Producen para terceros diez mil prendas boxer, diez mil corpiños, diez mil fundas de celulares. Para el municipio también trabajan a través de terceros.

Ricardo, de las Cooperativas del Frente Darío Santillán – Barrio Costa Esperanza

LNT se acercó hasta la casa en funcionamiento y en proceso de construcción que el Frente Darío Santillán tiene en el barrio Costa Esperanza. Charlamos con tres o cuatro compañerxs, uno de ellos es Ricardo. La presencia del Frente en este barrio es muy reciente, apenas un año al momento de visitarlos (fines de 2018). Tienen un área de trabajo de barrido y limpieza de cunetas, comedor para los trabajadores del centro, apoyo escolar, merendero y jardincito. Brindan capacitaciones de oficio que acompañan con talleres sobre el buen vivir, la prefiguración social y la economía popular. También abrieron un bachillerato y una primaria para adultos. Comenzaron a desarrollar trabajo textil y a fines de 2018 se encontraban capacitando a una docena de trabajadoras. Quien capacita proviene de uno de los polos textiles que tiene el Frente. Por el centro comunitario de Costa Esperanza circulan, entre las diversas actividades enumeradas, unos trescientos compañeros.

La forma de organización productiva del frente es nacional. Ricardo nos cuenta que las cooperativas más fuertes son: dos polos textiles y una herrería. Uno de los polos está en la estación de tren Darío y Maxi en Avellaneda y el otro en el barrio porteño de La Boca. Ambos, explicitan los referentes, “no funcionan con planes, se autogestionan”. Llegaron a ese desarrollo gracias a un proceso de organización social que tiene 16 años.

La herrería es “casi una metalúrgica”, dice de entrada Ricardo. Tienen máquinas industriales con trabajadores capacitados en distintos oficios. A través de convenios con el Estado Nacional y varios municipios fabricaron  puestos de feria, mesas de administración especiales para computación, muebles para oficinas municipales, juegos de plaza diseñados por ellos mismos: “Van a ver por todos lados juegos de plaza descartables de lona y de madera pero los que fabricamos nosotros siempre están intactos”, asegura.

Entre los polos textiles, la herrería y los centros comunitarios de distintos barrios circulan compañerxs y maquinarias y herramientas, juntan lo producido, comercializan a través de una red de comercio justo que, eliminando intermediarios, funciona por Facebook, y en ferias y almacenes barriales. Se llama MECOPO (Mercado de Consumo Popular).

A principios de septiembre de 2019, en el marco de diversas iniciativas por la Seguridad Alimentaria ligadas al aumento vertiginoso del hambre, en especial en el conurbano bonaerense, se inauguró en el centro del barrio Libertador, un almacén del FNDS de la red MECOPO. La iniciativa se inscribe en el engrosamiento de diversas instancias institucionales: por ejemplo, la creación del primer Consejo de la Economía Popular del país, que tuvo lugar en el Partido de San Martín.

La forma de organización productiva del frente es nacional. Ricardo nos cuenta que las cooperativas más fuertes son: dos polos textiles y una herrería. Uno de los polos está en la estación de tren Darío y Maxi en Avellaneda y el otro en el barrio porteño de La Boca. Ambos, explicitan los referentes, “no funcionan con planes, se autogestionan”.

En las cooperativas 9 de Julio, Patagonia, FNDS de Costa Esperanza, y en el resto de las unidades relevadas, encontramos historias de personas y de organizaciones populares. Porque, en definitiva, la economía popular es una economía política popular que, combinando gremialidad y territorialidad, logró instalarse a contrapelo como uno de los desafíos más evidentes de los años que vendrán. Provee lo más sustancial de la materia organizativa y de la materia gris para un tiempo político que no debería apostar otra vez a la reposición nostálgica de ‘formalizar lo informal’ sino encontrar los modos de potenciar con recursos y cobertura las instituciones conquistadas, como el monotributo social, el salario social complementario, la regularización de tierras, el registro de trabajadores, la AUH, el abastecimiento de espacios del cuidado con insumos e infraestructura, la constitución de Consejos de la Economía Popular, la creación de una unión sindical. Y al mismo tiempo inventar las protecciones que no existen. El derecho del trabajo asalariado nació cuando tuvo acuerdo social la conceptualización de una brutal asimetría entre capital y trabajo. Sin patrón visible las asimetrías sólo se han incrementado.

Los pequeños fragmentos compartidos, abreviaciones de experiencias de fuerte densidad social, muestran que en los barrios “las cooperativas” producen simultáneamente objetos, herramientas, servicios, comunidad, lazo y organización social, producen el tejido de protecciones y de movilización social que les salva la vida desde hace décadas. Son unidades de producción de valores económicos, ambientales y sociales, valores hasta hoy no valorizados monetariamente o sub-remunerados. Un sinfín de trabajos sin contrapartida de derechos.

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